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Jul 30/2019

Rafael Navarro, el mexicano que investiga si hay vida en Marte

En un laboratorio de la UNAM trabaja el mexicano que desde hace más de 20 años se ha dedicado a investigar si hubo o hay vida en Marte.

Se llama Rafael Navarro y es toda una referencia en astrobiología (la ciencia que estudia la vida en los astros) y química planetaria-. 

Navarro es la cabeza del Laboratorio de Química de Plasmas y Estudios Planetarios del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM desde 1994. ¡Sí, eso existe en nuestro país!

En este lugar procesa los datos que recopila del Mars Science LaboratoryCuriosity, para los amigos-, el rover que desde hace siete años ha recorrido más de 21 kilómetros de la superficie de Marte para estudiar su atmósfera y el cráter Gale. 

marte mexico

¡Así se ve parte del terreno de Marte! Esta es una “selfie” de Curiosity, el rover de la NASA que ha explorado el planeta rojo. Foto: NASA.

Navarro y otros científicos de distintas nacionalidades propusieron a la NASA el Sample Analysis of Mars –el conjunto de instrumentos que transporta el Curiosity– y después de una selección resultaron ganadores. 

Desde 2004 empezaron el proceso de diseño y construcción y enviaron al robot en 2012. 

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En la mira de la NASA

¿Y cómo es que la NASA se fijó en el trabajo de este científico mexicano?

Por una “simple” razón: “un proyecto relacionado con relámpagos y su impacto en el origen y evolución de la vida”, cuenta el científico mexicano a Animal MX vía telefónica desde su laboratorio. 

Navarro formó parte de una expedición al Pico de Orizaba -montaña entre Veracruz y Puebla-, un lugar que por su ubicación y clima puede funcionar como un análogo de lo que sería Marte en un futuro si los seres humanos logran “terraformar” su atmósfera.

¿Terra-qué? Terraformar, es decir, hacerla respirable para la especie humana.

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Hoy, si un ser humano pisara el planeta rojo sin traje de astronauta moriría a los pocos segundos debido a lo tóxico de su atmósfera. 

“El Pico de Orizaba es el bosque más alto de todo el mundo y nos sirve para entender cómo en condiciones frías se podrían sembrar árboles en Marte”, explica Navarro. 

Del Pico de Orizaba al desierto de Atacama

Navarro empezó a desarrollar una técnica para estudiar el suelo de Orizaba para determinar qué influía en el crecimiento del bosque.

Esto, por supuesto, llamó la atención de la NASA, por lo que -junto con otros científicos- viajó a uno de los lugares más inhóspitos del planeta: el desierto de Atacama, Chile. 

La misión era buscar, en ese terreno inhóspito, la zona más parecida a Marte. 

marte desierto atacama

El Valle de la Luna en el Desierto de Atacama, en Chile. Foto: Wikimedia Commons.

El estudio duró mucho tiempo. Varias veces al año, Navarro y otros científicos recolectaban muestras y las analizaban a través de la técnica que él desarrolló, hasta que encontraron esa región tan buscada. 

“Ese lugar se ha vuelto una plataforma para estudiar la búsqueda de vida en Marte, no solo por la NASA, sino por otras agencias espaciales”, asegura Navarro.

Esto sucedió en 2003, pero sus descubrimientos le han abierto cada vez más puertas.

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Navarro y el Curiosity

Desde hace casi siete años, Navarro concentra sus esfuerzos en la misión Curiosity, rover que tiene una meta: demostrar si Marte fue capaz de albergar vida microbiana. 

El rover encontró una zona en la que existió un lago con todas las condiciones para el surgimiento y mantenimiento de la vida y en junio pasado halló altos niveles de metano, hecho que abrió la discusión aún más sobre la posible existencia de vida en Marte. 

marte curiosity

Este es el primer hoyo realizado por el Curiosity en el Monte Sharp, en Marte. Foto: NASA.

Navarro explica que por primera vez en casi siete años lograron detectar grandes concentraciones de metano en el planeta rojo. “Si es de origen biológico nos podría indicar la existencia de vida en el presente o el pasado de Marte”.

O no y su origen podría ser inorgánico. 

¿Vida en Marte?

Las posibilidades siguen abiertas, solo falta encontrar evidencia que logre redondear las investigaciones que Navarro y otros colegas han realizado durante 20 años. 

Su aportación no es menor: contribuye en la búsqueda de una posible “segunda génesis”, es decir, de la conformación de vida de una manera distinta a como sucede en la Tierra, en donde prácticamente todos los seres vivos comparten una misma bioquímica basada en el carbono. 

¿Suena a ciencia ficción, verdad?