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Oct 15/2019

¿Qué le pasa a tu cuerpo durante La Caricia? Te contamos todito

Foto: Unsplash

Seguro te ha pasado que una persona y tú se atraen muchísimo: comienzan esas cosquillitas en la panza que poco a poco se extienden por todo el cuerpo y, si todo sale bien y ambos lo desean, llega La Caricia.

Cool, ¿no? Claro, tener relaciones sexuales es tan natural como comer, pero no sólo es “mete-saca” y sanseacabó.

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En nuestro cuerpo ocurren miles de estímulos y reacciones que hacen que coger sea una experiencia increíble.

Y como nadita se escapa de los ojos de la ciencia, hay investigaciones interesantísimas sobre qué ocurre en nuestro cuerpo cuando tenemos relaciones sexuales.

¿Quién analizó primero el cuerpo humano durante las relaciones sexuales?

A mediados del siglo pasado, William Masters y Virginia Johnson observaron y estudiaron científicamente más de 10,000 actos sexuales para conocer a detalle la reacción fisiológica del cuerpo durante el sexo.

La investigación tuvo un origen curioso: Masters, quien era ginecólogo, le pagaba a trabajadoras sexuales para que le permitieran esconderse en un clóset mientras observaba y registraba todo lo que pudiera de los encuentros que ellas tenían con sus clientes: tiempos de excitación, duración del orgasmo, etc.

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Tiempo después, él y Johnson, su entonces asistente, montaron un laboratorio donde lograron medir la respuesta fisiológica de cientos de personas que se masturbaron o tuvieron relaciones sexuales frente a ellos, todo en nombre de la ciencia.

A través de sus investigaciones, Masters y Johnson describieron la llamada “respuesta sexual humana”*, que son las reacciones corporales que ocurren durante la actividad sexual.

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Ellos describieron cuatro fases: excitación, meseta, orgasmo y resolución. Tiempo después se le agregaron otras dos que también mencionaré: estímulo sexual efectivo y periodo refractario.

[*Existe otra investigadora importante que también diseñó su propio modelo de respuesta sexual humana, Helen Kaplan, pero por la extensión del texto, no hablaré de su teoría. Quizás después.]

Estímulo sexual efectivo

El estímulo sexual efectivo (ESE) es todo estímulo que produce excitación.

El ESE no aparecía originalmente en el modelo de Masters y Johnson, sino que fue agregado por el mexicano Juan Luis Álvarez-Gayou años después.

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Hay de dos tipos: psíquicos, que pueden ser desde ver una persona desnuda, escuchar una canción, o a tus vecinos, o tener una fantasía sexual; y reflexogénicos, que son estimulación directa al cuerpo.

Los reflexogénicos, a su vez, se dividen en dos: exteroceptivos, aquellos que estimulan externamente el cuerpo; e interoceptivos que es, por ejemplo, tener una erección en la mañana provocada por nervios que se tocan al tener una vejiga llena. 

Hay tantos ESEs como personas en el mundo y su diversidad es inagotable. Al hablar de las cosas que nos excitan, siempre hay que tener en cuenta algo: si algo me prende, existe al menos otra persona en el mundo que también se excitará con lo mismo.

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Excitación

La excitación se desata por un ESE y se trata de, básicamente, tu cuerpo poniéndose en disposición de tener actividad sexual.

Las personas con pene tendrán una erección, sus testículos se elevarán hacia el perineo, el escroto se tensará y engrosará.

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Las personas con vulva lubricarán, sus clítoris tendrán una erección —porque sí, los clítoris también se erectan—, incrementará el tamaño de sus pechos, los labios mayores se engrosarán, los labios menores se abrirán para exponer la vagina que ahora tendrá un color más oscuro y se habrán alargado sus primeros dos tercios internos y se iniciará la verticalización del útero.

Además de esto, todas las personas experimentarán erección de pezones, aumentarán su presión sanguínea y tendrán una ligera taquicardia.

Algo importante: en los cuerpos con pene, la sangre solo se irradia hacia ese órgano, pero en los cuerpos con clítoris la sangre se irá hacia toda la vulva, lo que hace que muchas mujeres, personas no binarias u hombres trans tarden un poco más en excitarse. O sea: fajen mucho, amigues. El juego previo salva vidas… Y orgasmos.

Meseta

Esta es la etapa del los besos largos, del faje, del sexo oral, de la masturbación, del coito y de todo antes del orgasmo

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 Aquí, habrá rubor sexual en el cuerpo —que es un enrojecimiento en la piel de pecho a brazos a rostro que es la señal del cuerpo de, oh sí, hoy hubo suerte—, la respiración se volverá agitada, rápida y profunda, aumentará el diámetro del pene y de las mamas, se incrementará la coloración del glande y de los labios menores (así como su tamaño), se elevarán los testículos y aumentarán de tamaño, el clítoris comenzará a retraerse, el útero continuará su verticalización, la vagina se alargará un poco más, aumentará la lubricación, tu corazón podrá llegar a latir hasta a 175 latidos por minuto y comenzarás a tener contracciones musculares un tanto intensas que se sentirán bien.

Conforme avanza la meseta —y déjenla avanzar, denle chance, ábranle paso, disfruten su existencia—  nos acercamos al momento favorito de toda relación y esto eeeees:

¡Orgasmo (s)!

En el orgasmo habrán fuertes espasmos de grupos musculares, se tendrán alrededor de 40 respiraciones por minuto y la frecuencia cardiaca podrá aumentar hasta 180 latidos por minuto.

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Las sensaciones placenteras suelen concentrarse en la zona genital —pene, próstata y vesículas seminales o clítoris, vagina y útero—.

Durante el orgasmo, las gran mayoría de personas con pene eyacularán —aunque es posible separar ambas respuestas, por ejemplo, con orgasmos prostáticos o con sexo tántrico—  y, en algunas ocasiones, también lo harán algunas personas con vulva —aunque la eyaculación no se presenta siempre junto al orgasmo—.

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Resolución

La resolución es ese momento post-orgasmo también conocido como “NO ME TOQUES” o “VEN Y ABRÁZAME” o “¿Y si ya nos vamos a dormir?”.

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Durante la resolución te relajarás leeeeeentamente durante unos diez o quince minutos.

Tu cuerpo regresará al estado previo a la excitación: el pene y el clítoris perderán su erección, los órganos que se inflamaron soltarán la sangre acumulada, puede que tengas alguna contracción muscular que se sienta rico, posiblemente te den ganas de orinar debido a la vasopresina y puede que te dé algo de sueño, por eso es tan rico dormir después de La Caricia.

Periodo refractario

¿Ubicas cómo después de tener un orgasmo se te van las ganas de seguir cogiendo? Esto es por el periodo refractario, que se refiere al tiempo que tardas en volver a excitarte.

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Algo curioso es que para las personas con pene suele ser un poco largo, mientras que para un buen número de personas con vulva el periodo refractario o no existe o es súper corto: de ahí que muchas puedan tener múltiples orgasmos en una sola relación sexual, incluso seguidos.

El periodo refractario varía de persona a persona y de situación a situación y suele aumentar con la edad.

Algunas personas tendrán un periodo refractario mínimo y podrán tener un orgasmo y seguir teniendo relaciones sexuales toda la noche, otras —y me incluyo acá— necesitarán de mucho tiempo de recuperación antes de volver a excitarse, incluso días o semanas.

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Debido a la diversidad de los cuerpos y de respuestas, no hay tiempo de espera “normal”. Lo que a ti te funcione está bien.

¿Por qué es importante conocer la respuesta sexual humana? 

  • Porque es una función natural, sorprendente y maravillosa de nuestros cuerpos.

Porque en la escuela nos enseñan sobre el funcionamiento del cuerpo, pero deliberadamente se omite el conocimiento que existe sobre lo que nos ocurre durante el sexo.

Porque muchas víctimas de abuso sexual sienten culpa por excitarse —e incluso, tener un orgasmo— durante el abuso sin saber que eso sucede porque el cuerpo es cuerpo y está diseñado para responder a estímulos muchas veces sin importar si existe deseo, consentimiento o voluntad.

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Porque hay personas que viven con la angustia de no sentirse suficientes por no tener tanto deseo como su pareja, cuando podría ser solo cuestión de tener un periodo refractario más largo.

Porque hay quien nunca descubre sus estímulos sexuales efectivos y muere sin conocer aquellas cosas que pudieron haber hecho de su vida sexual algo más rico.

Porque son nuestros cuerpos y tenemos derecho a conocerlos.

Como dijo Paracelso: “Quien no conoce nada, no ama nada”. Conocer a nuestro cuerpo es otra forma de amarlo.