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Dic 30/2019

Sexo, placer y que el amor sea libre: deseos chingones para el 2020

Foto: Clark Tibbs para Unsplash.

Cuando era adolescente quería cambiar el mundo.

Hoy, como adulto, admiro mucho a las personas que trabajan activamente por esa meta desde las trincheras del activismo, el gobierno o el diseño de políticas públicas.

Su temperamento es impresionante: el de la negociación, la resistencia a la frustración; la determinación de empujar, poco a poco, paradigmas políticos que beneficien a todas las personas dentro de un sistema que hace todo por actuar en contra.

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Las admiro porque me reconozco incapaz de realizar ese tipo de trabajo: no tengo esa paciencia. Mi corazón está puesto en otra parte.

Desde hace muchos años comprendí algo de mí:

No creo poder cambiar el mundo, pero creo que sí puedo ayudar a hacerlo un poco menos terrible y tanto más placentero.

Al menos para algunas personas.

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Quizás por eso soy psicólogo y, si me pongo romántico y se me permite jugar tantito con mi ego, creo que esa es la vocación de la sanación: no tanto la de resolver sino la de acompañar y procurar procesos de salud y bienestar, incluso —y tal vez, sobre todo—  cuando el mundo se está cayendo a pedazos.

Rumbo a 2020

Es el inicio de una década y, según algunos, quizás la última.

Si el mundo se acaba pronto —o no—.

Si la economía entra en una recesión y lo perdemos todo —o no—.

Si el meteorito o los aliens caen desde el cielo —o no—.

Si el gran temblor que terminará por engullir para siempre a la CDMX que habito decide hacer su aparición y recordarnos que somos apenas un parpadeo insignificante en el larguísimo continuo de la existencia del universo —o no—.

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Si sencillamente la vida sigue como sigue, con sus bellezas y horrores, con sus injusticias lacerantes y sus momentos de ternura y todos los puntos en medio, creo que por lo menos hay que intentar pasarla lo mejor posible. 

Si hay un centro de mi vida y mi trabajo, es el placer. Quizás por eso elegí la sexualidad como área de especialización. Del placer nace todo: las ganas de existir, comunicarnos, conectar, celebrar.

Sentir placer es celebrar que tenemos vida.

El deseo de placer nos hizo adornar el tiempo y crear la música, adornar la comida y crear la gastronomía, adornar el espacio y crear la arquitectura, adornar el sexo y crear el erotismo.

Quiero pensar que mi disciplina va orientada a convertirme en un hedonista consciente: alguien que pueda disfrutar al máximo del placer que se puede obtener de esta vida, al mismo tiempo que procure el de las otras personas.

Después de todo, como me dijo mi madre alguna vez “¿si la vida no te perdona los dolores por qué has de perdonarle los placeres?”

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Año nuevo y deseos 2020

Y siendo así como soy, tengo algunos deseos para este año que inicia (y por qué no, para la década entera).

Deseo que:

  • El amor esté libre de venenos, que la compañía nunca sea un lujo, que la comunidad nos sostenga en nuestros problemas y temores;
  • Demos cuidados en la misma medida que los recibamos y que aprendamos nuevas maneras de amar además de la que se nos enseñó en la infancia.
  • El placer sea el principio rector de nuestras vidas, que el consentimiento sea el pilar del erotismo, que los besos vengan y vayan como olas, que las caricias vibren como una sinfonía ejecutada entre dos o tres o más cuerpos, que la voluntad por la pasión nunca se agote, que los orgasmos sean nuestro derecho.
  • El deseo sea tan natural que lo vivamos como cantan los pájaros sin saber que cantan / como juegan los niños sin saber que juegan.

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  • El aborto sea libre, seguro y gratuito, que todas las maternidades sean elegidas, que ninguna mujer sea forzada a parir; que las niñas sean niñas y no madres, que la vida de las mujeres sean lo que ellas quieran que sea.
  • La culpa por tener un cuerpo sexuado no sea otra cosa, más que una olvidada herencia de la educación religiosa más conservadora; que nunca frenemos nuestros orgasmos por miedo a perder el control.
  • Nuestra vida sexual nunca sea motivo de escarnio público, que nunca nos avergoncemos por el tamaño o la forma de nuestros cuerpos, que el amor propio sea la única respuesta posible ante la imagen en el espejo.

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  • La diversidad sea motivo de celebración y no de miedo, que nuestra expresión de género sea una fiesta a quienes somos, que tus genitales no determinen las personas a quienes puedas amar,

Que construyamos un mundo donde quepan todos los mundos y todas las orientaciones, identidades y sexualidades.

  • La violencia de género por fin termine, que la misoginia sea erradicada como un virus, que podamos nutrir masculinidades más sanas, que los pactos nunca sean patriarcales, que los feminicidios se extingan, que ninguna persona sea nunca violentada por su pareja.
  • El tiempo nunca corra tan deprisa como para que dejemos de amarnos, que la violencia del sistema nunca nos impida procurar espacios de ternura.

Y que la libertad de decidir cómo, cuándo, con quién y en qué circunstancias compartiremos nuestros cuerpos y nuestras vidas con consentimiento, cuidados y cariño, sea un derecho inalienable e incuestionable.

Feliz 2020, feliz década por venir.