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Abr 28/2020

¡Abajo los mitos sobre la masturbación! Hacerlo está bien, se siente rico y es saludable

La Iglesia te dice que no lo hagas. La sociedad te dice que no lo hagas. Tus padres te dijeron que no lo hicieras. TUS ABUELOS probablemente no te dijeron nada, o eso espero, porque si sí, pues qué incómodo.

Pero la cuarentena parece que nos dice diario: mastúrbate

O al menos, así puede sentirse. Entre que la ansiedad implora desfogue, entre que, debido a la pandemia, el contacto social ha sido altamente restringido y, por lo tanto, también el sexo, la masturbación parece cobrar nueva relevancia como nuestro principal recurso para otorgarle placer al cuerpo. 

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Esto, desde luego, no es nuevo. La masturbación es uno de los actos sexuales más placenteros que existen y es algo que la humanidad lleva haciendo desde que somos, pues, humanidad. E incluso antes.

La masturbación es natural, es saludable y no hay nada de malo con ella. Pero como vivimos en un mundo que se ha encargado de juzgar la sexualidad de todas las personas, rara vez se nos deja disfrutar a gusto nuestro propio cuerpo.

Tanto así que durante gran parte de la historia y en distintas sociedades se han construido varios mitos alrededor de la masturbación como algo “malo”.

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El origen de los mitos sobre la masturbación

Por ejemplo, en los países y culturas que tenemos influencia judeocristiana, la mirada negativa hacia la masturbación comenzó hace muchísimos años: el antiguo pueblo hebreo, que enfrentaba una constante amenaza de extinción, desarrolló leyes que prohibían cualquier uso no reproductivo de la sexualidad.

De esta manera, prácticas como la masturbación, el coito durante la menstruación, el coitus interruptus o la penetración anal se hicieron pecado y se crearon mitos alrededor de ellas, porque a los hebreos les parecía que el semen se desperdiciaba cuando no había un embarazo (este fue el famoso “pecado de Onán”, de donde surgió el término “onanismo”).

Si el semen se “desperdiciaba”, su existencia misma como pueblo se veía amenazada ya que, entre más hebreos hubiera, más difícil sería acabar con ellos. 

Los mitos en torno a la masturbación son muchos y vienen de muchos lados: que si te van a salir pelos en las manos, que si se te va a acabar el semen (si tienes pene), que si eres una bruja poseída por el diablo (si eres mujer cis), que si te masturbas demasiado vas a terminar cayendo en la locura, que si te puedes MORIR (John Marten, un médico del siglo XVIII creía que la masturbación provocaría muerte por inanición). 

Estos mitos a veces terminaban en historias francamente ridículas, como cuando John Harvey Kellog inventó los cereales Kellogs para darles a los niños una buena alimentación… creyendo que eso serviría, entre otras cosas, para calmar sus impulsos primitivos y evitar la masturbación.

Así que cada vez que se masturben después de comer cereal recuerden que están haciendo nada más y nada menos que la revolución ideológica.

¡Tú dale!

Pese a lo que dicen estas historias: Masturbarse. Está. Bien.

Y aunque suene a una obviedad, me parece muy importante señalar esto porque la gran mayoría crecimos con culpa al respecto.

Esta culpa, además, ha sido mucho más intensa sobre las mujeres.

A los hombres se nos permite mucho más hacerlo (como la gran mayoría de las prácticas sexuales y de la vida) y esto deriva en problemas sexuales muy complejos y reales.

Hace siete años, durante un diplomado de educación sexual que tomé, me tocó presenciar algo: una mujer de cincuenta años narró al grupo sobre cómo nunca había tenido un orgasmo. Se puso a llorar de inmediato.

La profesora se acercó a ella y se la llevó a otro espacio en donde hablaron por diez o quince minutos.

Regresaron y la mujer se veía más tranquila, pero triste. Una semana después, la siguiente sesión, la mujer llegó con otro rostro: la tristeza había desaparecido. Nos contó que se masturbó por primera vez y tuvo su primer orgasmo. Su primer orgasmo. A los cincuenta años. 

Como ella hay millones de mujeres que nunca se masturban y, por lo tanto, nunca descubren lo que se siente un orgasmo o cómo llegar a él.

Y del mismo modo, también hay muchísimos hombres que se podrían llegar a masturbar con culpa, que después asocian al sexo y padecer disfunción eréctil o eyaculación precoz. 

Hazlo solo o acompañada 🙂

Hay personas que dejan de masturbarse cuando tienen pareja porque, pues, para eso está el coito, ¿no? O parejas que nunca se masturban mutuamente o frente a su pareja porque… pues para eso está el coito, ¿¿no??

No, de hecho, no.

El coito está para el coito y la masturbación está para la masturbación.

La masturbación puede coexistir e integrarse en nuestra vida sexual de pareja(s) si así lo queremos, o mantenerse como una práctica en solitario, un regalo de mí para mí. Y eso está bien.

La educación que recibimos cría infantes y adolescentes para crecer sintiendo que tienen un enemigo entre las piernas: el pecado debajo de su vientre. Y no.

Lo único que tenemos entre las piernas es DINAMITA PURA. O algo. 

Se siente rico

Sé de personas que cuando eran infantes descubrieron que si se frotaban contra una mesa sentían rico y un día su maestra de la primaria o alguno de sus padres le descubrieron y acusaron de perversión.

Como si un niño o una niña pudiera ser eso, como si no simplemente se tocaran sus genitales como se rascan la cabeza o se acarician el rostro porque se siente rico.

Cuando madres/padres/profes/profas reaccionan de esta manera, lo que hacen es horrible en dos sentidos: el primero, generar culpa y, el segundo, perder esa oportunidad para tener una conversación sobre cómo tocar nuestro cuerpo es reconocerlo, cómo nosotrxs podemos tocar nuestro cuerpo cuando queramos pero si alguien más desea hacerlo se necesita consentimiento, cómo el tacto puede ser una expresión del amor, cómo tocarnos es decirnos: yo existo, yo me puedo hacer bien, yo me puedo dar placer. 

El morbo respecto a la masturbación está en los ojos de quien lo mira, no en las manos de quien la practica. Y no existe nada malo, ni perverso, ni dañino, ni pecaminoso respecto a ella.

Si se siente bien, no le hace daño al cuerpo y ayuda a conocerte, ¿cuál es el problema?

Así que si están leyendo este texto durante la cuarentena, o si lo encuentran terminándola, los invito a hacer escupir al calvo, si tienen pene, o a tocarle el timbre al diablo, si tienen vulva, y a pasarla bien con ustedes, vaya, al fin que para eso tenemos cuerpo y para eso nuestro cuerpo está vivo: para disfrutar.