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Abr 03/2020

Que el encierro no mate al amor: cómo vivir la cuarentena con tu pareja

Pues el encierro ya llegó. Digamos que decidiste no pasarlo en soledad e invitaste a vivir a tu pareja contigo temporalmente para disminuir la probabilidad de contagio.

O digamos que ya vivías con tu pareja desde antes y ahora el encierro aumentará exponencialmente aquel deseo y temor tan grande intrínseco a la cohabitación: verle la cara a tu pareja 24/7, siete días a la semana, sin mucha posibilidad de movimiento.

Digamos que ahora te encuentras personificando una versión pandémica de “A puerta cerrada”, de Jean Paul Sartre, y que estás a punto de gritarle a tu pareja EL INFIERNO SON LOS OTROS.

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De nuevo: el encierro ya llegó. 

El encierro y la pandemia serán una prueba de fuego para las parejas. Algunas encontrarán en esta crisis una oportunidad para unirse, mientras que otras no podrán soportarla.

Algunas, las más privilegiadas en todos los sentidos, podrán hacer de esta experiencia una luna de miel improvisada en la que puedan pasar tiempo juntas, cocinarse, acompañarse, disfrutarse. Otras… no.

Si bien, no hay una fórmula para poder enfrentar la incertidumbre de lo que viene, quiero presentar unas pocas recomendaciones que nos puedan ayudar a que el encierro no mate al amor.

Todas estas sugerencias en general son buenos hábitos para adoptar durante la pandemia —si no se tienen— y mantenerlos después.   

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Hablen de sus miedos

Como explicaba en este texto es completamente normal y adecuado sentir ansiedad por la pandemia, por la incertidumbre económica y por todo lo que vendrá.

La ansiedad por incertidumbre no es mala: nos permite imaginar el mundo de posibilidades, tanto buenas como malas, que existe detrás de lo que sentimos como una catástrofe. Hay que aprender a observar la incertidumbre, en vez de temerla. 

Hablen de sus miedos. Valídenlos. Sean, como pareja, un espacio seguro para sentir precisamente eso: seguridad, confianza, ternura, apapacho.

Si el mundo se está cayendo a pedazos, que mi casa no se caiga también.

Y sobre todo: escuchen sus miedos. No se juzguen. El miedo sólo encuentra la tranquilidad si es expuesto en un ambiente sin juicios. 

Procuren la privacidad

Ya sé: privilegio. Y sí: poder mantener la privacidad requiere la suma de varias condiciones a las que sólo puede acceder un grupo privilegiado de personas. Pero en medida de lo posible, mantener la privacidad, o al menos, los espacios y momentos a solas, es una actividad esencial para poder procurar la buena relación entre la pareja (¡así como el deseo!).

Si pueden: no siempre duerman en el mismo espacio. Trabajen en espacios separados. Cuiden una estructura: estas son las horas de trabajo, estas son las horas para acompañarnos (así como cuando no había pandemia).

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No pasen todo el día en el mismo cuarto. Procuren momentos para la cercanía y momentos de susanadistancia emocional.

Si salen a caminar pueden tomarse ese momento para respirar aire que no exhale su pareja.

Defiendan sus momentos a solas como si de papel de baño en un súper mercado de gente rica y blanca se tratara.

Recuerden que es temporal

Esto no va a durar para siempre, aunque así se sienta.

En algún momento regresaremos a una cotidianidad, que quizás sea distinta a la que conocemos o quizás sea la misma, pero será cotidianidad.

Entendamos: estos cambios, estas nuevas estructuras del hogar, este encierro, es tan sólo un momento de nuestras vidas, sólo eso.

Construyan un mantra como pareja, algo que les ayude a superar las tensiones propias de la cohabitación en cuarentena: “este conflicto es particular, pero lo superaremos, porque el tiempo y la eterna mutabilidad de las cosas está a nuestro favor”.

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Cuiden sus neurosis hogareñas

Una de las fuentes de discusión más abundantes en la pareja es el tema de las tareas del hogar. Que si no lavas los trastes como a mí me gusta. Que si dejaste desordenado esto que, según tú, no hay problema con que esté desordenado. Que si te tocaba sacar la basura y no lo hiciste. Que si a mí me gusta que en este cajón se coloque esto y tú lo quieres de otra manera. Que si estamos exagerando, que si la neurosis es demasiada.

Si van a cohabitar es especialmente importante que hablen y respeten lo que cada persona necesita para sentir que el hogar se encuentra ordenado.

Si el mundo es un caos, que el hogar no lo sea. Si nos abruma la incertidumbre, que al menos podamos sentir certeza en nuestra casa.

Y parte esencial de esto es habitar un espacio que sintamos ordenado, limpio, estructurado, seguro. 

Lo que cada quien necesite para esto es diferente.

Por eso es necesario hablarlo en estos términos: no se trata sólo de mantener limpio u ordenado el hogar, según lo que cada quien entienda por “limpio” y “ordenado”, sino también entender que hay una fuerte vinculación emocional con esto y que, por lo tanto, la mejor manera de llevarlo es entender que, para algunas personas (incluyéndome), el sentir que el espacio está limpio es lo que lo hará habitable.

Y lo de siempre: hombres, no dejemos las tareas del cuidado del hogar a las mujeres con las que cohabitemos.

Si ahora mismo podemos enfocarnos en una cosa, que sea en no reproducir violencias estructurales de género en nuestro hogar.

No le carguemos doble chamba a nuestras compañeras. No me hagan encabronar a la Dra. Ana de la Garza.

También es tu casa. Cuídalo y límpialo como si fuera, ya sabes… tu casa. 

Así no, plis.

Disfrútense

Que no puedan salir al exterior no significa que no puedan seguir teniendo citas (uwu).

Sí, cuiden sus tiempos de separación, pero también procuren momentos que sólo se traten de quererse, de acompañarse, de sostenerse, de darse placer, de amarse.

Que si el mundo se cae a pedazos, al menos encuentre ternura en nuestros corazones.