Comparte
Ago 11/2020

Reflexiones sobre el amor propio: ¿por qué es tan difícil querernos?

Son tiempos de predicar el autoamor. Por todos lados vemos personas, marcas, series, cursos, etc, que hablan sobre los grandes beneficios que viene con aprender a amar cada una de nuestras dimensiones de vida: amar nuestro cuerpo, amar nuestro trabajo, amar nuestros defectos, amar nuestra historia, amar nuestros dolores.

Sin duda alguna es algo positivo y es un concepto que ha beneficiado a muchas personas (incluyéndome) y que, en muchos casos, puede llegar a tener un potencial transgresor increíble.

Sin embargo, hay algo relativo a la popularidad del concepto que siempre me ha causado incomodidad y que, como dice Elliot Alderson en Mr. Robot, me pica en esa parte de mi cabeza que no permite que existan cosas buenas sin condiciones.

Checa: Esmeralda Soto, otra morra fabulosa que habla de amor propio y machismo en TikTok

Hace unas semanas, Maynné Cortés Escobedo, psicóloga y educadora emocional, escribió un breve hilo en Twitter que me pareció muy puntual y me ayudó a aclarar de dónde venía esa incomodidad.

Así que le escribí para platicar sobre el asunto y nos pusimos a escribir un textito a cuatro manos, a modo de conversación, para intercambiar algunas ideas al respecto.

No eres tú, es el sistema en que vivimos

César: En tu hilo mencionabas una idea que me pareció fascinante: “O sea sí, es importante reforzar auto estima y auto concepto, pero la realidad de porqué tanta gente tiene una relación tan difícil consigo mismx es porque el sistema nos condiciona para que así sea.

¿Podrías explicar un poco más de cómo “el sistema nos condiciona para que así sea”?

Maynné: Yo me refería principalmente a que bajo el  sistema social, político y económico dominante (capitalismo) se han desarrollado ciertos arquetipos de lo “deseable” o “socialmente aceptado” que son excluyentes para la mayoría de la población.

Por ejemplo, hay claramente un tipo de cuerpo que se considera más bello o sano que otros, un género que se considera dominante, un color de piel que se considera más deseable que los demás, etc.

Cualquier persona que de alguna forma no quepa dentro de estos arquetipos es constantemente atacada de forma directa e indirecta por esta diferencia.

Te interesa: Este par de amigas prueba que la moda sí es para todos los cuerpos

Puede ser desde lo personal, como sufrir bullying en la escuela, recibir comentarios ofensivos en redes, etc. o desde lo estructural, como ser discriminadx al momento de buscar empleo o a través de la ausencia de políticas de Estado que garanticen una vida libre de violencia.

Estos discursos sociales se vuelven parte de la narrativa que, como individuos, establecemos hacia nosotrxs mismxs.

Si te cuesta trabajo amar tu cuerpo o aceptarlo tal y como es, esto no se debe a una decisión enteramente personal, sino que está fuertemente influenciado por una sociedad que reafirma constantemente que tu cuerpo no se ajusta al canon de belleza aceptado.

Así que puedes hacer mucho trabajo emocional enfocado en amar tu cuerpo e incluso puedes lograr mejorar tu relación con él, pero el mensaje social seguirá siendo el mismo y esto no cambia por más que tú decidas “amarte a ti mismx”.

¿Por qué al sistema le interesa que no nos amemos?

César: Las emociones no existen en un vacío, sino que están altamente influenciadas por la cultura.

Y creo que ahí está el problema de conceptos como “autoestima”, “autoamor”, “autoconcepto” o autoloquesea: se centran la percepción que unx tiene sobre sí, como si el no apreciarte fuera una responsabilidad puramente individual y síntoma de que algo está mal contigo.

Es un círculo vicioso: el sistema dominante de creencias rechaza algún aspecto de ti —> te cuesta trabajo sentirte bien con la persona que eres —> intentas mejorar tu autoestima a través de un trabajo individual que no hace otra cosa más que intentar negociar con esa cultura dominante y ver cómo puedes entrar dentro de ella —> triunfes o fracases, de todas maneras te sigues sintiendo mal porque inevitablemente siempre permanecerás algo fuera de esos estándares, incluso si es sólo por el pasado —> no puedes dejar de sentirte mal contigo —> repites el proceso.

Mira nomás: Por qué el consentimiento es sexy a la hora de ligar

Y al final no se trata de tu capacidad para amarte, se trata de un sistema ideológico, político, social y económico que te roba esa capacidad para amarte porque tiene intereses ahí.

No por nada, la industria de la belleza, alimentada de esa perpetua insatisfacción genera ganancias de cientos de miles de millones de dólares, por poner un ejemplo.

Maynné: Me gustó como lo pusiste: “se trata de un sistema que te roba esa capacidad para amarte porque tiene intereses ahí”.

No hay que olvidar que el sistema capitalista se alimenta de la desigualdad y las jerarquías. 

Si no cuestionamos cómo se beneficia el sistema de que tengamos relaciones difíciles con nuestros propios cuerpos, género, raza, etc., corremos el riesgo de permanecer en este ciclo vicioso que mencionas y sentirnos eternamente culpables por no podernos aceptar como somos. 

Ahora, vale la pena también preguntarnos quiénes son las personas que representan mayoritariamente estos movimientos wellness de “ámate a ti mismx”, porque suelen ser personas que se ajustan perfectamente a los arquetipos/estándares de lo que debería ser idealmente una persona bajo este sistema. 

Entonces el discurso para ellas es distinto y hay un contraste importante entre nuestro proceso de subjetivización vs. el proceso de una persona que promueve cierto tipo de “mentalidad wellness” y se ajusta a los cánones sociales de deseabilidad, cuyo círculo se vería algo así:

Sabes que perteneces a lo que el discurso dominante considera atractivo  —> tienes buena autoestima y tu entorno te reafirma constantemente que eres valiosx  —> los factores estructurales que muchas veces juegan en contra de las personas que no se ajustan a la norma, no aplican para ti, por lo que hay muchas dificultades que presentan lxs demás que tú no  —> triunfas, porque el sistema está construido para personas como tú  —> le dices a lxs demás que se amen a sí mismxs porque crees que eso funcionó para ti, aunque en realidad tu éxito se debe también a muchas de las ventajas estructurales que tienes.

Esto me parece importante porque la verdad no creo que las personas que forman parte de este movimiento de “ámate a ti mismx” (o al menos la mayoría) sean malvadas y que busquen activamente hacernos sentir culpables por no tener buena autoestima.

Me parece que su intención puede venir de un buen lugar, pero el problema es cuando el análisis detrás de esa intención es tan simple que no hay una consciencia de cómo opera lo social sobre lo psicológico. 

Quererte no es solo “aceptar” lo que eres; ¿entonces?

César: ¡Es la meritocracia emocional! La gente que promueve el wellness no hace más que venderte de regreso las razones que te hicieron sentir mal en primer lugar.

Y el apunte final es interesante: no es que sean malas personas, no es que la intención sea mala, es que el sistema que sostiene todo esto funciona así.

Me parece que quererte no es un asunto de sólo “aceptar lo que eres”, como si las personas existiéramos en un vacío, sino de tener una consciencia plena de por qué te sientes cómo te sientes, y establecer procesos para adquirir mayor poder en las negociaciones y resistencias que estableces con el sistema dominante.

A veces parece que hay personas que usan el concepto “autoestima” para callar a las voces disidentes.

El típico gaslighting: “si se quisieran más, no estarían tan enojadas, no resentirían la felicidad de otras personas, no tendrían necesidad de hablar de y pensar tanto tiempo en sus dolores”.

Es una forma de negación muy intensa que veo en redes sociales y en conversaciones casuales, pero también encuentro en terapia: personas que dicen tener muy buena autoestima sólo porque han llegado a un punto muy elevado de negación de aquellos aspectos de sí mismas con las que no se sienten cómodas. Y eso produce mucho estrés. 

Maynné: Es como estar en una carrera constante en la que incluso si vas “ganando”, sabes que en cualquier momento te quedas atrás.

Y es terrible porque tal vez ya lograste estar en una posición más hegemónica y tu autoestima “mejora” como consecuencia, pero la tensión de mantenerla y la sensación de fracaso si no lo logras ni siquiera te permiten disfrutar el logro de haber llegado a ese punto.

Yo también le tengo mucha desconfianza al término de autoestima porque ya el prefijo “auto” te remite inmediatamente a lo individual, lo cual me parece problemático y al menos desde la psicología creo que de pronto se usa para “patologizar” nuestra insatisfacción o inseguridad. 

Y es que obviamente quisiéramos no sentir ningún tipo de inseguridad o insatisfacción con nosotrxs mismxs, pero la verdad no es malo, también son emociones y experiencias que nos pueden ayudar a hacer reflexiones importantes sobre nuestros contextos.

Por ejemplo, en el proceso de ser feminista (al menos en mi caso) empiezas teniendo un montón de angustias o inseguridades que crees que son tuyas cien por ciento, pero de pronto empiezas a conectar con las experiencias de otras mujeres y escuchas que mucho de lo que sientes y has sentido a lo largo de tu vida es compartido por muchísimas de ellas, y que esas angustias están atadas a un sistema (patriarcal) que nos condiciona para sentirnos así y ser más vulnerables. 

Entonces ahí mis propias inseguridades me ayudaron a establecer esa conexión entre mí como individuo, la sociedad y el papel de ésta moldeando mis afectos. 

Creo que la meta de “mejorar nuestra autoestima” puede ser muy engañosa porque a veces se traduce en un “ajústate lo más que puedas a los arquetipos hegemónicos”.

Esto no sólo es súper nocivo, sino que también nos priva de descubrir qué hay más allá de nuestras inseguridades y de qué forma podemos buscar cambios estructurales que vayan más allá de nosotrxs. 

Pst, pst, psicólogos y terapeutas

César: ¿Y así,  a botepronto, cómo propondrías elaborar este proceso final que dices, para las personas que lean esto y estén interesadas en incorporar esta perspectiva aber ke tal? Es algo que he visto más desde propuestas activistas que desde manuales clínicos y me parece una mirada que falta.

Maynné: Pues es complejo. Como en todo, me parece que funciona el entrecruce de disciplinas, siempre digo que para ser buen/a psicólogx hay que saber muchísimo de cosas que no son psicología. Ayuda tener una perspectiva más social, histórica y filosófica. 

Dentro del campo de la salud mental me parece importante darle a nuestra práctica una perspectiva de justicia social, es decir, ponernos a estudiar y a discutir de manera más profunda cómo se ha estructurado históricamente nuestra sociedad, a qué personas ha privilegiado y a cuáles ha vulnerado, porque a partir de ahí nuestra práctica cambia y tenemos más herramientas para entender todos los factores sociales y estructurales que atraviesan a nuestros pacientes/clientes (esto también incluye entender cómo desde el campo de la salud mental hemos vulnerado y patologizado históricamente a un bueeeen de personas y grupos). 

También creo que urge voltear a ver a todas las corrientes somáticas, porque hacen cosas maravillosas y trabajan la opresión, el dolor y la insatisfacción desde el cuerpo. Esto las ha llevado a profundizar mucho sobre temas estructurales en los que otras corrientes no se han detenido tanto. 

El peligro de sobre enfocarnos en corrientes que privilegien los procesos racionales sobre los corporales es que al final mucho de lo trabajas, hablas y dices puede ser racionalizado y desde ahí se pueden banalizar muchas cosas, pero cuando trabajas con el cuerpo, no hay de otra, lo tienes que sentir. 

Justo hace poco tuvimos un seminario de dinámicas de poder en la especialidad que estoy tomando y uno de los módulos fue acerca de leer la opresión como un proceso corporal y por ejemplo, desde ese entendimiento, la autoestima ni siquiera es un concepto que se trae a la mesa, la discusión se centra en cuál es la relación del cuerpo del paciente con las corporalidades de su contexto y qué tan disonante es este cuerpo (tanto en género, raza, clase, identidad sexual, etc) cuando lo comparamos con los modelos hegemónicos de corporalidad.

Entre más grande es esa diferencia, es más probable que esté atravesado por ciertas opresiones y que, por ende, haya tensión en él. 

Esta tensión se traduce en malestar y dolor, tanto físico como psicológico, y desde ese enfoque no podemos decir “este cuerpo sufre porque tiene mala autoestima”, más bien decimos “este cuerpo sufre porque el contexto no está creado para que se identifique, refleje o relacione con él y, por lo tanto, vive un proceso de exclusión”. 

Cambia completamente el enfoque porque de entrada se reconoce que los cuerpos son construidos desde la colectividad y, por lo tanto, no hay acción individual que pueda librarlo de la relación social que lo moldea.