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Ene 21/2021

Soltar el dolor: por qué el MDMA podría ser un buen tratamiento para el estrés postraumático

Ilustración: @driu.paredes y @re_ilustrador

En su plática TED sobre el futuro de la terapia asistida con psicodélicos, Rick Doblin, fundador y director de la organización estadounidense MAPS (Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psicodélicos), cuenta la siguiente historia: Tony, un exsoldado con trastorno de estrés postraumático, se sometió a un tratamiento experimental con MDMA.

Durante la sesión, se dio cuenta de algo: su dolor emocional persistente era una forma de sentirse en conexión con sus amigos, así como de honrar la memoria de aquellos que murieron. 

Incapaz de enfrentar ese dolor por miedo a romper la conexión, se volvió adicto a los opiáceos.

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Se contó la historia de que estas sustancias lo ayudaban a sobrellevar su trastorno, cuando en realidad lo que hacían era evitar que lo sanara.

Pero durante la sesión, lo entendió: sus amigos no querrían que sufriera, sino que viviera una vida feliz. La conexión no se perdería por soltar el dolor, al contrario: sería una forma de honrar, no sólo su muerte, sino su propia vida.

Siete años después de esa sesión, según Doblin, Tony se mantiene libre de opiáceos, vive sin estrés postraumático y dedica gran parte de su tiempo a la ayuda humanitaria. 

La historia, además de ser un caso que parece demostrar el poder clínico del MDMA, también sirve para ilustrar un fenómeno psicológico tan paradójico como recurrente:

a veces, la soga que nos ata al dolor está hecha de fibras de nostalgia, de apego, de esperanza, de amor. 

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El duelo no resuelto y cómo deriva en estrés postraumático

He visto variaciones de esta historia una y otra vez en terapia.

Hijos que no sueltan a sus madres por el deseo de hacerlas sentir orgullosas más allá de la muerte. Personas que no sueltan a sus ex porque temen perder la promesa que alguna vez las unió. Amigas que acumulan rencor hasta el mutuo hundimiento en vez de asumirse como los navíos con rumbo diferente de la amistad de las estrellas de Nietzsche. Gente que no cambia un trabajo opresivo y desgastante por sostener alguna promesa que se hicieron décadas atrás. 

Si uno se construye, en parte, a través de aquello que ama, ¿qué queda de uno cuando pierde los sujetos y objetos y promesas y anhelos y recuerdos de su afecto?

Como evidencia la historia de Tony, el duelo no resuelto podría terminar enquistando el goce de la vida.

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En cierta forma, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) es una consecuencia radical de la parálisis como respuesta ante el estrés: el cuerpo y la mente quedan fijos en ese momento en que la supervivencia se vio amenazada, incapaces de reconocer que el peligro ya pasó y que hay vida más allá del dolor.

Los posibles efectos del MDMA

¿Por qué esta sustancia, que hasta ahora se considera una droga ilegal en la mayor parte del mundo, se está considerando como un posible fármaco que ayude en el tratamiento del TEPT?

Tiene que ver con su farmacología en su estado puro, como el mismo Doblin explica: al reducir la actividad de la amígdala (suavizando la reacción de miedo disparado por el trauma), incrementar su conexión con el hipocampo (permitiendo procesar los recuerdos traumáticos como algo lejano), aumentar la actividad en la corteza prefrontal (alentando a que el pensamiento racional se sobreponga a la sobrerreacción emocional) y estimular la producción de oxitocina (promoviendo sentimientos de amor y apego).

El MDMA parece ser un fármaco que puede ayudar a reconfigurar el cerebro de forma en que los peores efectos del trauma puedan ser observados y manejados sin la presencia de tanto dolor.

Esta sustancia nos puede convertir en observadores distantes y compasivos de nuestra propia historia. 

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No es necesario estar atados al dolor

¿Esto significa que el MDMA tiene el poder de “curar” el TEPT? No.

Como todo fármaco, se trata de un elemento más en un tratamiento integral del trauma.

En MAPS, el tratamiento es sumamente controlado e involucra sesiones de evaluación médica y psicológica, así como acompañamiento en tiempo real con, por lo menos, dos personas capacitadas para realizarlo.

Del mismo modo, es importante aclarar que el trabajo de MAPS y de Doblin sigue en fase de experimentación y que utilizan la sustancia en un estado puro y con dosis específicas y controladas.

Es decir: se está hablando de un protocolo terapéutico con aprobación de la FDA, de ningún modo equiparable a la experiencia anecdótica que alguien podría contar por haber usado la sustancia en otro espacio (suponiendo que, de hecho, haya consumido la sustancia y no alguna otra, o una mezcla peligrosa).

Fármaco en la mano o no, en suma, se trata de asumir la pérdida de lo amado y transformar los vínculos que alguna vez nos dieron sentido e identidad.

Actualizarse, en el sentido rogeriano. Afirmar lo que queda de nosotros una vez que creemos que no queda nada. Porque siempre queda algo: nuestra libertad frente al dolor, lo que hicimos para sobrevivir.

Honrar el pasado no sólo por el dolor que causa hoy, sino por la felicidad que nos dio cuando fue el tiempo presente.

Pensar: ¿qué pensaría de mí, si no sintiera todo este miedo, si no me aquejara tanto la culpa? ¿Encontraría algo digno de reconocer, de amar, de cuidar?

No es algo que tenemos que hacer solos, y aquí es donde entra la terapia, las amistades, la familia, los círculos de apoyo; la otra persona que también sufre y ríe y llora y extraña como yo.

Si amamos y sufrimos en vínculo, en vínculo sanaremos.

Al final, se trata de optar por el camino necesario para identificar qué es eso que nos une al dolor, para luego romperlo.

Como dijo Sylvia Aguilar-Zéleny: “para ir hacia delante, para acuerpar quien se es, hay que dejar algo atrás”. 

[Este texto no promueve el consumo de ninguna sustancia y está escrito únicamente con fines divulgativos].