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Ene 28/2021

Duda genuina: ¿por qué prefiero masturbarme a tener sexo?

La razón es: porque está bien rico. Siguiente pregunta.

¿No? ¿Necesito argumentar porque ese es mi trabajo? Bueno. De entrada, la pregunta se trata de la falacia lógica conocida argumentum falsum dilemma (“falso dilema”, en latín).

El falso dilema en cuestión parte de la suposición de que el sexo (con alguien más) debería ser preferible a la masturbación (cuando sólo te involucra a ti) y que si optas por la segunda ha de ser porque algo anda mal.

Pero no hay nada de malo, ni de raro, ni de anormal.

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Una diferencia importante entre el sexo y la masturbación

La masturbación y el sexo son dos cosas distintas.

Claro, ambas son una experiencia de placer sexual, ambas posiblemente involucrarán contacto genital y en ambas se suele aspirar al orgasmo.

Pero pensarlas como algo equivalente es como pensar así el agua y la cerveza: ambos son líquidos, sí; ambos se pueden beber si tienes sed, también; ambos los ingieres por la boca.

Sin embargo, ambos te ofrecen experiencias sensoriales completamente distintas, por lo que el uso que le darás será distinto: bebes agua cuando tienes sed de la buena, bebes cerveza cuando tienes sed de la mala.

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La gran mayoría de las veces, la masturbación es una experiencia de placer en solitario.

Esto es importante: si estás tú y sólo tú, entonces tú tienes control sobre el acto entero: los tiempos, los ritmos, los orgasmos, el horario, el escenario, las fantasías.

La masturbación es un acto de soberanía sobre ese territorio que es el cuerpo propio, un encuentro contigo en ese espacio seguro que es la piel.

El sexo, en cambio, es con alguien más. Esto ya lo redefine todo: una nueva variable cambia la ecuación entera.

Con una (o dos, o tres) persona nueva, las oportunidades cambian, pero también los riesgos: lo mismo es la posibilidad de validación que de rechazo, lo mismo la de improvisación que la del descontrol, lo mismo la del encuentro que la de la angustia.

El infierno son los otros y aunque a veces queman rico, de repente puede que no tanto.

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Una pregunta clave

Optar por la masturbación sobre el sexo, la gran mayoría de las ocasiones, se tratará de una decisión económica respecto a cómo conservar mejor la energía.

¿Realmente vale la pena tomar ese uber a las 2am para ver a alguien que no sabes si te va a cucharear después, cuando tu vibrador no te romperá el corazón? ¿Realmente vale la pena desvelarse hoy por coger otra vez en las mismas dos posiciones cuando te puedes tocar un rato en la regadera pensando en esa maravillosa expareja?

A veces, la respuesta será sí; otras no y eso está bien.

(Y habrá para quienes ni siquiera exista esta disyuntiva. Esto es especulación y no quiero hablar en experiencia de nadie, pero una persona asexual podría preferir cualquier cosa que no involucre contacto sexual con otra persona en todas las ocasiones, ya sea masturbarse, ver una película, comerse un pastel o cualquier otra cosa y no habría nada de malo ni nada de enfermo ni de raro. También eso es una posibilidad en la amplia diversidad de la sexualidad humana). 

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Es decir, creo que una pregunta más útil es: ¿En qué circunstancias prefiero masturbarme a tener sexo?

La respuesta reflejará lo dicho: existen circunstancias en que preferirás una experiencia a la otra porque son experiencias distintas.

E incluso cuando la respuesta indica algún problema subyacente, digamos: “prefiero la masturbación porque ya no deseo a mi pareja” o “la prefiero porque entrar en contacto con otra persona me da ansiedad”, la respuesta no deberá juzgarse ni patologizarse, sino observarse desde la compasión y la ternura, pues nos está dando información sobre nuestra vida, historia y dolores.

En suma, prefieras lo que prefieras, cuando lo prefieras, está bien.

Y entonces, otra vez: a veces elegiremos masturbarnos sobre tener sexo porque está bien rico. Ahora sí, siguiente pregunta.