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Mar 05/2021

La sororidad que salva: cómo mis amigas y hermanas vivimos el feminismo

Foto: Ilustraciones: @Driu_Paredes | Foto: Elizabeth Cruz

La sororidad que salva. Decidimos titular así este largo texto colaborativo porque ese hermanamiento, la empatía, las redes tejidas entre mujeres, nos han salvado a muchas de nosotras de personas violentas, de nuestros miedos, de los prejuicios propios y ajenos.

Sí, es verdad, dentro del feminismo nuestras opiniones pueden diferir, los desencuentros son inevitables y las visiones sobre el camino a seguir pueden ser desiguales, pero el objetivo no debe perderse de vista: abolir las opresiones patriarcales que tanto asfixian.

El año pasado, por estas mismas fechas, la equipa de Animal lanzamos una pregunta: ¿cómo llegó el feminismo a tu vida? Y cientos nos respondieron.

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Doce meses después (que parecen 500) el mundo entero es diferente, pero el sistema patriarcal sigue siendo el mismo: con sus trampas y abusos.

Por eso, decidimos que hoy es una oportunidad para recordar lo bonito que es tenernos cerca, lo necesario que es seguir construyendo desde la unidad, lo importante de mantener el respeto en un espacio que debe ser nuestro lugar seguro, que nos arrope y lleve a crecer. Juntas.

Gracias, mamá. Gracias, abuelas. Gracias, hermanas

8 de marzo: Día Internacional de las Mujeres. Cómo llegó el feminismo a tu vida. Ilustración: @Driu_Paredes

Ilustración: @Driu_Paredes

El feminismo llegó a mi vida cuando mis primas me hicieron sentir segura y mis tías me hicieron ver lo inteligente y talentosa que soy. Llegó cuando mis hermanas me escucharon si juzgar y cuando mi mamá me recordó que puedo hacer y decir lo que yo quiera.

Sofía Díaz

Mi mamá siempre nos empoderó -a mí y a mis tres hermanas- a hacer cualquier cosa que pudiera ser considerada exclusiva de niños. Yo me sentía Leono en lugar de Cheetara de los Thundercats y jamás me dijo que tenía que elegir el papel de mujer. 

Elizabeth Cortés

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Mi mamá me educó con la firme idea de que no necesitaba un hombre que me mantuviera, me protegiera o me ayudara a cumplir mis metas. Me enseñó que soy capaz de hacerlo por mí misma y que si llego a tener un hombre en mi vida debe ser alguien que me vea como un igual y me respete, no que sienta derecho a decidir por mí por el simple hecho de de ser hombre. 

Anónimo

No recuerdo el momento exacto en que el feminismo llegó a mi vida, pero sí recuerdo que de pronto todas las notas sobre feminicidio y abuso sexual me provocaban llanto, enojo e impotencia. No sabía qué hacer para ayudar y dejó de darme miedo expresar mi opinión, el repudio a tanto desinterés. 

Trabajo en medios deportivos, así que el machismo ha estado presente en mi vida desde que empecé en la vida laboral. Antes prefería no meterme en problemas y no ser juzgada, pero desde hace un año empecé a manifestarme abiertamente y a impulsar la perspectiva de género en el periodismo deportivo

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No me animaba a ir a una marcha porque no sabía que esperar, hasta que mi hermana menor me invitó el año pasado y me regaló mi pañuelo verde. Ahora lo llevo siempre en la mochila, conozco el significado y también ha sido una forma de expresar que no estamos solas. Somos todas juntas. 

Ir a marchas, hacer pancartas, gritar, cantar y sentir esa comunidad, pese a que la causa no es nada festiva, ha sido una de las mejores experiencias de mi vida.

Ana Cruz Manjarrez

Poco a poco me volví feminista, pero desde niña supe que tenía que luchar. Mi abuelita y mi madre me enseñaron. Ellas vivieron en el patriarcado y los roles de género, pero me educaron para ser libre, me enseñaron que podía volar y me inculcaron que ningún hombre podía frenar mis ímpetus ni mis deseos. 

Cynthia Romero

Mariana, Paulina y Daniela, mis tres hijas, me han hecho ver el mundo con una mirada diferente. Me han recomendado lecturas, hemos platicado de feminismo y he cambiado mi manera de pensar acerca de la mujer desde lo que ellas me compartieron. 

Hoy soy una mujer feminista de 57 años con muchas ganas de seguir por este camino.

Gabriela González List

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El feminismo me salvó cuando tenía 13 años, esa edad en la que pasas por alto todo tipo de violencia o abuso que se ejerce hacia las mujeres. 

Mi hermana de 18 años me inició en el feminismo. Me habló, me educó en el tema y me trató como alguien mayor. 

Adentrarme en el feminismo no se me hizo una opción, sino una necesidad para enfrentar e intentar derribar este sistema que oprime a niñas y mujeres de todo el mundo. 

Gracias al feminismo, la manta que cubría las acciones machistas de mi familia cayó; la manta que mi madre ponía para cubrir las historias de horror en las noticias, diario, describiendo asesinatos terribles, cayó. 

Las acciones, los comentarios, las miradas que me oprimían cayeron y me dejaron libre.

Voy creciendo y sigo afirmando que ninguna niña tendría por qué crecer y desarrollarse en un país tan misógino como México. 

Andrea Alexia Castillo Rionda

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Mi mamá eligió ser madre responsable sin casarse nunca; ella nos inyectó autonomía y reflexión a mi hermana y a mí. 

El feminismo llegó formalmente a mi vida cuando iniciamos con una organización de la sociedad civil llamada Mujeres Trabajando por el Mundo, que después se convirtió en AMAM A.C. 

Éramos varias locas queriendo cambiar las vidas de muchas mujeres.

Me atravesó el cuerpo cuando decidí vivir como lesbiana libremente, después de haber sido heterosexual y madre de dos hijas.

Emma Obrador Garrido Domínguez

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Conocí el feminismo de la mano de mujeres admirables. Primero mi abuela y mi madre, luego mis compañeras de universidad. 

Fue un proceso de aprendizaje que me transformó como persona. No podemos separar el movimiento de las increíbles mujeres que lo traen cargando en hombros.

Georgina Flores Méndez

Gracias a mis amigas

Testimonios mujeres: cómo llegó el feminismo a tu vida. Ilustración: @Driu_Paredes

Ilustración: @Driu_Paredes

En mi último año de universidad, a principios de enero, asesinaron a una de mis mejores amigas. Fue el tercer feminicidio declarado en el estado de Puebla y yo quedé completamente devastada.

Al pasar de los días, comencé a entender lo efímera que es la vida, la notable injusticia y desigualdad que vivimos las mujeres en México, el miedo diario. A cada momento que pasaba, mi manera de ver el mundo cambiaba. En ese momento, en honor a Michelle, decidí graduarme con una tesis sobre feminismo.

Desde entonces he aprendido a ser más fuerte, más valiente, a luchar por mis ideales, pero sobre todo, he aprendido a enamorarme del ser tan imperfecto que soy.

Claudia Lizbeth Varillas

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Gracias, aliadas desconocidas

Testimonios de sororidad en el 8M. Ilustración: @Driu_Paredes

Ilustración: @Driu_Paredes

Un día empecé a indignarme por todo lo malo que pasaba en nuestro país, en cada protesta conocí a mujeres fuertes que me enseñaron sobre la sororidad y el feminismo, gracias a ellas reconocí en mi abuela, madre y amigas a las mejores aliadas.

Nabila

Me incomodaba mucho cuando me felicitaban en los 8M, pero no sabía por qué.

El 8 de marzo de 2015 vi algunos mensajes en redes sociales diciendo “por favor ya no me felicites por ser mujer”. Leyendo, me di cuenta de que no estaba sola: había una red de mujeres que me acompañaban en esa y muchas muchas otras confusiones y sentires. Desde ese momento dejé de sentirme tan sola y chiquita.

Anónimo

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Crecí aprendiendo a tener miedo.

Según quienes estaban a mi alrededor yo debería de ser la policía moral que vigilara el comportamiento adecuado de los demás. Afortunadamente hace unos 10 años, en una red social, empecé a leer a mujeres que estaban en una situación similar, es decir, notando las incongruencias y la enorme carga moral y culpa que se nos impone desde pequeñas. Empecé a notar cambios también en mis amigas y en las mujeres en la red. Ver que hay opiniones, cuestionamientos, ideas nuevas. Se siente algo de esperanza y consuelo no estar sola.

Estoy en deconstrucción: sigo peleando con todos los demonios que aún cargo, pero al menos ya sé de dónde viene todo lo que siento desde pequeña. Espero que esto que vivo yo, haga el camino más fácil para mis sobrinas.

Margarita Rodríguez

Descubrí una digna rabia encendida dentro de mí en mis clases en la Universidad, tuve la fortuna de aprender de maravillosas mujeres comprometidas con transmitir saberes que al principio me incomodaron pero me conmovieron al punto de despertar una inquieta curiosidad que hoy persiste.

Las lecturas, reflexiones y conversaciones con estas sabias me permitieron volver a ver mi historia e identificar opresiones que normalicé para seguir de pie, pero que no habían sanado.

Alguna vez una de estas mujeres dijo que el feminismo no es una lucha por el beneficio propio, que es un sentir compartido y que se hace por mujeres que no conocemos y el poder de esta afirmación me permitió entender que lo que le pasa a una nos pasa a todas.

Alexia Montalbán

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El feminismo llegó a mi vida el día que decidí hablar, hablar del miedo, de la inseguridad y de la impotencia que sentí. Y de pronto, a mi alrededor, hubo voces que se sumaron a la mía, con historias similares o peores.

Ese fue el día que mi frustración y mi coraje se encontraron con la empatía y el amor de mis amigas, de mis primas y de muchas mujeres que, como yo, tenían que seguir saliendo a la calle a pesar del miedo.

El feminismo llegó a mi vida y me dio la oportunidad de aprender de las experiencias de otras mujeres, me dio un refugio seguro para expresarme, me dio dio más hermanas y una familia extendida e incluso la capacidad de reír a pesar de todo.

El feminismo me enseñó la injusticia y la maldad, pero me regaló sororidad e independencia. Me dio más voz para seguir gritando y me dio miles de heroínas a quienes admirar cuando creí que no quedaba ningún héroe en el mundo.

Daniela Hernández

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Conocí el feminismo a los 26 años, cuando encontré a una booktuber feminista.

Decidí involucrarme en el movimiento, tanto leyendo de feminismo, como yendo a talleres y cursos, y así fue que al estar con otras mujeres me di cuenta que ellas pasaron por lo mismo: machismo en casa, violencia en pareja y acosos callejero; encontré apoyo y sororidad con mujeres feministas que me enseñaron poco a poco la lucha contra el sistema patriarcal y sobre todo cuestionarlo todo.

Sigo en proceso de deconstrucción, ahora más que nunca quiero estar en el movimiento, apoyar a otras jóvenes mujeres y que otras mujeres se involucren en lo bonito y sanador que es el feminismo.

Ana Vázquez

Durante dos meses fui cada sábado con un grupo de mujeres y juntas compartimos desde nuestras vivencias como enfrentábamos día a día la violencia en el espacio público, ahí aprendí sobre feminismo, qué era y porque había que dejar de tenerle miedo a esa palabra.

Conocí a mujeres increíbles que desde sus trincheras estaban haciendo activismo. Ese taller hizo que mi vida cotidiana cambiara por completo, me sentí más segura, supe que había muchas mujeres conocidas y desconocidas que eran mis aliadas.

Ana Laura Velázquez

Soy parte de una familia sumamente conservadora, por lo que muchas de las ideas y principios del feminismo me parecían una locura al principio. Fui leyendo, escuchando, viendo y aprendiendo.

Me permití abrir mi mente y cuestionarme absolutamente todo.  Fue un proceso largo, difícil y en momentos doloroso.

De la nada, como un golpe, dije en voz alta que era feminista y no hubo vuelta atrás. Una maestra ayudó a que este cambio se diera en mi cuando ella, frente a un grupo en una escuela católica, dijo que ella era feminista y que esperaba que todas algún día igual lo fuéramos. Gracias a ella y muchas otras mujeres pude darme cuenta que yo igual soy feminista y desde entonces es algo que digo con orgullo.

María Fernanda Lozano

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