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Nov 26/2021

“Nosotros también existimos”: hombres trans mexicanos y cómo viven su masculinidad

Ilustración: Alejandro Santibañez (@alexso.1)

“Parece ser que los hombres trans estamos debajo de las piedras. Nos falta salir, ser referentes. Más allá de eso, saber que existimos”, dice Mateo, psicoterapeuta sexual que empezó su transición a los 31 años de edad. 

Y no lo dice solo Mateo, es real. Piensa en cuántos hombres trans y en cuántas mujeres trans identificas. 

En 2018, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) publicó el texto Diversidad sexual, discriminación y violencia. Desafíos para los derechos humanos en México, el cual revisa, analiza e interpreta los resultados del “Diagnóstico situacional de personas LGBTIQ en México”, elaborado en 2015 para documentar las experiencias de esta comunidad. 

¡Este diagnóstico fue el primero en México en considerar a hombres trans para un estudio de este tipo!

En el texto de la CNDH, los coordinadores Ricardo Hernández Forcada y Alisa Winton explican que “en el caso de los hombres trans, no existen datos en México con los que podamos realizar comparaciones, por lo que nuestros resultados son pioneros en la búsqueda de visibilizar y evidenciar las problemáticas que esta población enfrenta”. 

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Para empezar, tanto hombres como mujeres trans enfrentan discriminación por causa de identidad de género

Aunque a nivel general los hombres trans “no sufren tanta violencia como las mujeres trans”, según el análisis de Hernández y Winton, sí la viven más en espacios privados -como la familia- y experimentan con mayor frecuencia ciertas formas de violencia y discriminación, por ejemplo, “los hicieron sentir que debían ser más femeninos” o “no podían hablar de su identidad de género y/u orientación sexual”. 

Mateo piensa que la invisibilización de los hombres trans sucede porque “ser un hombre trans no te exige tanto como ser una mujer trans. Es transicionar al privilegio y yo creo que es más cómodo, de cierta forma, hacerse para atrás”. 

Álex, uno de los psicólogos que trabaja en la primera Unidad de Salud Integral para las Personas Trans, dice que las transiciones de hombres trans son casi invisibles porque es más sencillo masculinizar un cuerpo femenino, que feminizar un cuerpo masculino.

“Esto de cierta manera nos protege, porque las chicas trans están superexpuestas a la transfobia (…) Si nadie se da cuenta (que somos trans) no podemos ser víctimas de transfobia o violencia, salvo por otras cuestiones, como no llevar una vida heterosexual, por ejemplo”, explica Alex.

Pero Mateo, Álex y Christian -a quien ya conocerás más adelante- son tres hombres trans mexicanos que están interesados y comprometidos con visibilizar sus historias para que otros chicos sepan que también “es posible llevar una vida cómoda, feliz y exitosa siendo trans”.

“No todos los hombres trans tenemos que ser hipermasculinos para ser válidos”

Cuando Álex Campuzano estudiaba en el CCH de Naucalpan comenzó a hacerse preguntas sobre su género e identidad sexual; tenía 17 años.

En ese momento inició el camino para descubrirse: primero se vivió como lesbiana un par de años porque la psicóloga de la escuela le asignó esa etiqueta y él se la compró, a pesar de saberse bisexual. 

Pero cuando Álex entró a la UNAM a estudiar Psicología le diagnosticaron en el espectro autista y se topó por primera vez con una palabra que le cambiaría la vida. 

“Cuando yo escucho todo lo de la transexualidad me checa mucho más que el lesbianismo porque habla de la incomodidad con el cuerpo, el deseo de vivirte en el género opuesto, el deseo de tener un nombre distinto. Descubro que todo esto que yo estaba experimentando se llama transexualidad”, cuenta Álex, que hoy tiene 30 años de edad, es psicólogo y trabaja en la Unidad de Salud Integral para Personas Trans, la primera en la ciudad de México y en todo el país. 

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Después de terminar una relación, decidió empezar su proceso de transición masculinizando su exterior, aún sin tratamiento hormonal. Descubrir las prendas para que el pecho se viera más plano le hizo ganar confianza, sentirse más cómodo, usar camisas, cabellito corto. 

Aunque Álex ya se identificaba como trans, lo hacía como no binario, pues sentía que su tipo de masculinidad “no alcanzaba los estándares para ser un hombre trans”, es decir, años de hormonas, cuerpazo trabajado en gimnasio, barba abundante, vida heterosexual, eso que veía en internet.

Álex se vivió como no binario durante un año hasta que llegó a la asociación Jauría Trans y al grupo Transmasculinidades MX

Checa: Escuchar para conocer: hablemos de la identidad no binaria

 

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“Ahí conozco más chicos trans y descubro que lo que me había vendido YouTube de chicos trans norteamericanos no era la verdad absoluta, sino que había muchas maneras de llevar mi transición y yo podía ser completamente válido y podía vivirme como un chico trans aún siendo bisexual, aún no queriendo ser un chico de gimnasio, barbudo y fuerte, más bien reubicando esta masculinidad a como yo quería construirla”, dice Álex. 

“Venimos de una sociedad que nos enseñó que quienes son emocionales son las mujeres y los hombres no, ellos son fríos, resisten… Justo quiero ser algo diferente a eso, quiero estar en contacto con mis emociones y poderlas expresar con libertad, sin tener miedo a que esto me reste masculinidad y vivir mi sexualidad libremente sin sentir que necesito ser heterosexual para ser un hombre válido”, comparte Álex cuando le pregunto qué tipo de hombre quiere ser. 

Hace un par de semanas, Álex comenzó con la terapia hormonal de testosterona, luego de bajar 15 kilos de peso por indicación médica, una pandemia que cerró todo y una espera de 10 meses en la Clínica Condesa, lugar donde inició el proceso antes de la cuarentena y, obviamente, antes de la apertura de la Unidad de Salud Integral para Personas Trans donde, dice, el proceso es mucho más rápido precisamente porque es nueva.

Además de trabajar en la unidad de salud, Álex seguirá contando su historia a través de YouTube y su blog personal porque le importa visibilizar la diversidad de cuerpos, la neurodivergencia y, especialmente, transmitir el mensaje de que no todos los hombres trans tienen que ser hipermasculinos para ser válidos.

“Empecé a entrenar para poder tener el cuerpo con el que yo me iba a sentir más cómodo”

Christian Montoya ama hacer ejercicio desde que estaba en la primaria. Recuerda que perseguir el balón y anotar un gol le producía una sensación de placer inmensa. Primero fue futbol, luego taekwondo y otros deportes hasta llegar al powerlifting o levantamiento de pesas, esa disciplina que le ha ayudado a sentirse más cómodo con su cuerpo y a crear un proyecto de entrenamiento para personas trans llamado Arco Force Training.

Para Christian, hacer ejercicio no quedó en el cajón de los pasatiempos. Estudió Ciencias del Deporte en la YMCA México y dice que él se ha construido gracias al deporte. 

“Mi primera transición fue a nivel físico a través del entrenamiento. Todavía no estaba en hormonas y aún así ya empezaba a cambiar. Me ayudó muchísimo, ya me sentía más seguro de mí mismo a nivel mental también”, cuenta Christian, un joven de 25 años de edad que ahora da clases de entrenamiento personal en línea. 

Entre risas, Christian dice que para él no hubo una transición, sino varias. Con la primera empezó a entrenar duro para bajar de peso y, por ende, el pecho. Ya le gustaba lo que veía en el espejo, ya no caminaba encorvado por la incomodidad, ya caminaba derechito. 

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“La verdad es que empecé a entrenar para, a nivel físico, poderme acoplar al cuerpo con el que yo me iba a sentir más cómodo”, dice Christian. 

Hasta ese momento, nunca se había cuestionado su identidad de género, solo la sexual. Fue con varios psicólogos para explorar todo lo que se cuestionaba y para sanar algunas experiencias que trastocaron su paz cotidiana. 

Y un día en la universidad conoció a un chico trans llamado Ariel y se identificó tanto que decidió explorar su propio camino: “yo siempre actué como un niño, siempre fui un hombre desde que tengo uso de razón. Conocer a Ariel fue abrirme otro panorama”. Ariel, fundamental para la transición de Christian, le habló de su proceso, de hormonas y la Clínica Condesa.

El 4 de diciembre, Christian cumple 3 años de su transición, desde que empezó su tratamiento hormonal y se abrió con su familia.

Dice que para su mamá y sus hermanas ha sido muy difícil, y que gracias al acompañamiento psicológico ha logrado entender que para ellas esto es un duelo, por lo que toca ser paciente y comprender su contexto. 

También toca seguir con Arco Force Training, ese proyecto con el que Christian quiere impulsar a la comunidad trans a hacer deporte en casa, en un espacio seguro, sin juicios, y mantenerse saludables durante sus procesos de transición, pues sabe lo importante que es cuidar la salud física y mental en este camino. 

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“Aquí estamos. Las personas trans, LGBT, que hacemos deporte aquí estamos. Quiero ayudarles a sentirse bien con su cuerpo y transmitir lo que el entrenamiento me dio: conocerte a ti mismo, sentirte bien y cómodo contigo mismo”. 

Y tiene un mensaje: “He aprendido a sobrevivir y aferrarme a la vida. Pasé por un cuadro depresivo muy fuerte y mi familia me ayudó muchísimo, me aferré al cariño que me tuvieron, al apoyo. Aférrate a vivir y a lo que quieres, a esa espinita que está contigo constantemente diciendo «por ahí es, sigue, sigue». Agárrate de esa espinita y sigue”. 

“Lo que siempre me estoy cuestionando es saber que transicioné hacia el privilegio”

Mateo Gorga tiene 33 años y es psicoterapeuta sexual. Siempre supo que estudiaría Psicología porque ver a su mamá -psicóloga- trabajar era increíble. A los 31 años decidió entrarle a la Sexología y, al mismo tiempo, a cuestionar su identidad de género. Cuando en la carrera leyó un artículo sobre las personas trans le hizo “clic” de inmediato. “¡Esto es justamente lo que yo soy, una persona trans!

Al inicio de su transición, Mateo se identificaba como una persona transmasculina, no como un hombre trans. Antes de sentirse cómodo con esta etiqueta, Mateo se hizo muchas preguntas sobre el tipo de masculinidad que buscaría, porque definitivamente no quería ser igual de violento que muchos hombres cisgénero.

“Dado que soy un hombre trans se me socializó de una forma diferente. Yo viví muchas violencias que viven las mujeres, tanto cis, como trans. Muchas de estas violencias las viví antes de transicionar, de tener esto que se denomina ‘passing, es decir, ya ser leído como si fuera un hombre cisgénero, entonces eso me llevó mucho a preguntarme qué tipo de hombre iba a ser, desde dónde iba a estar mi masculinidad y para mí lo más importante es una masculinidad sincera, ser un hombre que se cuestiona mucho, ser un hombre que apela mucho a la ternura”, explica Mateo. 

Como Álex y Christian, Mateo tuvo un acompañamiento psicológico durante su transición, específicamente un psicólogo cis que le motivaba a revisar y cuestionar su “machito interno”, ese que todos tenemos dentro porque vivimos en una sociedad machista y patriarcal donde ser hombre es un privilegio.

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A través de sus redes sociales, Mateo le habla a los hombres cis y trans sobre masculinidad, cosa que suele ser desgastante, pero “alzar la voz de una u otra manera y darle eco a lo que yo me he podido preguntar también ha sido una dicha”, dice. 

 

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Uno de sus primeros referentes fue el trabajador social trans estadounidense Aydin Olson-Kennedy, a quien conoció en una conferencia en Colombia y le dio el ejemplo de que además de transicionar podía hacer algo por las demás personas.

Y para Mateo, este “algo” es hacer investigación que ayude a eliminar la patologización de las identidades trans, hacer investigación DE personas trans PARA personas trans, “quitar esta visión cis-heteronormativa que nos puso muchas veces como ratas de laboratorio, sino realmente hacer investigación que ayude a la población”. 

Además de las terapias en línea que ya da, a Mateo le encantaría acompañar a infancias y adolescencias trans en sus caminos. 

Transicionar ha sido lo más congruente que he hecho en mi vida, lo que más felicidad me ha traído. Todos los días, poder apalabrarme como Mateo, poder presentarme como ÉL, es una verdadera dicha porque siento una congruencia que yo no había encontrado antes en mi vida”.